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Necrópolis Púnica de Puig des Molins

Puig des Molins
El Puig des Molins fue el cementerio de la ciudad de Ibiza durante toda la Antigüedad. Está situado unos 500 m a poniente del puig de Vila, donde está emplazada la ciudad desde su fundación por fenicios occidentales a fines del siglo VII a.C. Así, como es habitual en las ciudades fenicias, el espacio de los vivos y el de los muertos estaban cercanos, aunque separados por un accidente geográfico, en este caso una pequeña vaguada (actual calle de Joan Xicó). Su nombre deriva de la existencia de molinos de viento en su cima desde al menos el siglo XV, aunque hoy solamente quedan los restos, largamente en desuso, de algunos de ellos.

Como consecuencia de la explotación agrícola del yacimiento en los últimos siglos, su superficie fue abancalada y cubierta de frutales, principalmente olivos, así como algunos almendros, algarrobos e higueras, generalmente plantados en los pozos de acceso de las tumbas. En la actualidad, debido a la interrupción de las labores agrícolas en las últimas décadas, toda su superficie se encuentra cubierta por una capa de sedimento con espesa vegetación arbustiva, que oculta la mayor parte de las sepulturas existentes. De éstas exteriormente sólo son visibles 340, la mayoría de ellas tumbas de pozo y cámara excavados en la roca, de época púnica, denominadas "hipogeos". Sin embargo, el número de real de las mismas -sin contar otros tipos de sepultura- se estima en torno a las 3000.

El cementerio inicial, establecido a fines del siglo VII a.C. por los fenicios que fundaron el establecimiento de la bahía de Ibiza, ocupaba una zona concreta de entre 6000 y 10000 m2 de extensión, en la parte baja de la ladera. En época púnica (desde finales del siglo VI a finales del I a.C.), el cementerio experimentará un enorme crecimiento como consecuencia del desarrollo de la ciudad, siendo su extensión de aproximadamente 5 Ha. En época romana (siglos I-V d.C.), el área cimenterial se extiende desde la parte baja del puig des Molins hacia el Norte, hasta alcanzar la Avenida España e incluso la calle Aragón en los siglos de la Antigüedad Tardía (VI-VII d.C.).

Sector N.O.
Como consecuencia del uso continuado de la necrópolis en diferentes épocas, se puede observar una mezcla de enterramientos que van desde la época fenicia hasta la época romana.

De la fase fenicia (finales del siglo VII a mediados del siglo V a.C.) podemos señalar diferentes tipos de enterramientos de incineración:
 Cavidad natural en la roca que puede estar ligeramente retocada o no.
 Agujero circular de pequeñas dimensiones, tallado artificialmente en la roca.
 Fosa rectangular  con resaltes laterales y orientación Norte-Sur.
 Fosa de planta rectangular con la misma orientación que la anterior.

De la época púnica (siglos V-I a.C.) se pueden observar distintos enterramientos de inhumación:
 Oquedad en la roca donde se depositó un enterramiento infantil.
 Fosa excavada en la roca.
 Hipogeos, destacando entre ellos un ejemplar que conserva restos de mortero en torno a la boca del pozo. Sin duda formaría parte del sistema de cierre, posiblemente formado por un monumento exterior de forma semicilíndrica, de lo que existen paralelos en Cádiz y en Selinunte (Sicilia).

De época romana (siglos I-IV d.C.) puede verse:
 Boca de hipogeo alrededor de la cual se conserva una hilada de piedras, reutilizada como fosa para contener un enterramiento de inhumación.

Hipogeos del Sector N.O.
Aunque desde el exterior no son visibles, todo el subsuelo de la explanada exterior al museo se encuentra completamente horadado de hipogeos. Se ha podido determinar que cada hipogeo ocupa una media de 15,7 m2, lo que supone una densidad de 636,9 hipogeos por ha. Ello es exponente de la elevada población de la ciudad en los siglos V-IV a.C., que provoca una masificación del cementerio. La enorme concentración de tumbas hace que las cámaras se encuentren muy juntas unas de otras, sin dejar apenas espacios libres entre ellas; por ello los saqueadores sólo tenían que agujerear las paredes de una cámara para poder acceder a las contiguas.

La planimetría del subsuelo de esta área ha podido realizarse a partir de las sepulturas que tienen abierto su pozo al exterior, habiéndose podido incluir todas aquellas cámaras que están comunicadas entre si, pasando a través de los agujeros de saqueadores. Por este motivo, no figuran aquellos hipogeos que no estén abiertos al exterior ni comunicados con otra cámara. Así pues, las zonas en blanco en el plano no significan que estén vacías de tumbas, sino que, al no poder accederse a su interior, no han podido ser dibujadas.

La mayoría de estas sepulturas fueron objeto de saqueos en épocas diversas, y muchas fueron también excavadas en algunas de las diversas campañas oficiales realizadas a lo largo de este siglo. Pero, de entre todos ellos, solamente tres de estos hipogeos han podido ser identificados gracias a que el número que les fue asignado en el momento de su excavación, pintado en las paredes de la cámara, se ha conservado. Corresponden a los hipogeos nº 17,18 y 19 de la campaña de excavación de 1929 realizada por D. Carlos Román.

"Hipogeos de la Mula"
El conjunto de hipogeos a cuyo interior puede accederse era conocido como "Hipogeos de la Mula" por haber sido descubiertos fortuitamente en 1946, al hundirse una mula en el pozo de uno de ellos. D. José Mª Mañá, director de las excavaciones realizadas en aquel año, les asignó los números 6 al 13.

En 1948 se acondicionaron para su visita, iluminándolos y construyendo las escaleras de acceso. Posteriormente se han ido realizando diversas modificaciones en su interior, como el rebaje del suelo para obtener mayor altura, mejora de la instalación eléctrica; y recientemente, la reconstrucción de algunos enterramientos con su ajuar correspondiente. Por otra parte, las paredes de las cámaras están agujereadas por los saqueadores de tumbas de todas las épocas, formando así una red de pasadizos que las comunican unas con otras. Por todo ello, su configuración actual es sensiblemente distinta a la original, según puede comprobarse en la planimetría adjunta.

En la antiguedad cada una de las cámaras era un espacio completamente cerrado, cuya única abertura al exterior era su pozo de acceso. Entre ellas pueden observarse sensibles diferencias en su forma, tamaño y número de sarcófagos. Su apertura data de los siglos V y IV a.C., pero en su interior se realizaron enterramientos durante toda la época púnica, desde el siglo V hasta el siglo I a.C.

Como consecuencia de su prolongada utilización, se produce un reaprovechamiento máximo del espacio de algunas cámaras, como sucede en el hipogeo nº 12. Éste, originalmente poseía tres sarcófagos, uno adosado a la pared del fondo y los otros dos a las laterales. En un momento dado fue reestructurado para obtener nuevos espacios de enterramiento. Para ello, en primer lugar, se quitó la pared entre las cámaras de los hipogeos 11 y 12; seguidamente se desplazaron los dos sarcófagos adosados a las paredes laterales y se dividió el espacio entre ambos colocando una medianera de losas de marés. De este modo, se consiguieron tres nuevos espacios, uno entre la pared lateral (hoy prácticamente desaparecida) y el primer sarcófago, y dos espacios entre ambos sarcófagos.

También algunos pozos de acceso, como el del hipogeo 13, se reutilizaron durante el siglo I d.C., a principios de época romana, como lugar de enterramiento.

Ladera norte del Puig Des Molins
Siguiendo el sendero que desde la entrada a los "Hipogeos de la Mula" sube por la ladera hasta detrás del Museo, se pueden observar la existencia numerosos pozos de hipogeo abiertos al exterior y obtener una excelente visión de la configuración actual del Puig des Molins.

Los pozos de hipogeo están muy próximos unos a otros e invariablemente orientados Norte-Sur, ya que las tumbas están alineadas a lo largo de la pendiente siguiendo la configuración del terreno, pero varían en cuanto a su tamaño. Es interesante notar que muchos de los pozos fueron utilizados por los campesinos del lugar para plantar olivos en su interior, cuando los terrenos del yacimiento estaban dedicados a la producción agrícola. No obstante, a pesar de que el antiguo aspecto de muchos ellos ha hecho que se difunda el tópico de que son olivos milenarios, lo cierto es que los más viejos no sobrepasan los cuatrocientos años.

Durante el siglo pasado el área situada detrás del edificio del museo fue utilizada como cantera. Este hecho hizo que la ladera quedara cortada verticalmente, dejando visibles en la sección numerosas tumbas, excavadas a diferentes profundidades. Ello permite, por una parte, la observación detallada de la estructura de diversos hipogeos, con sus pozos de acceso y cámaras de diferentes formas y tamaños, casi todas ellas perforadas por los saqueadores de tumbas; y por otra parte el corte ofrece una imagen significativa de la configuración del subsuelo del yacimiento.

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